¿Cambiar de dieta como cambiar de moda?

¿Has hecho dieta alguna vez? ¿Cómo varió este concepto con el correr de los años? Hoy vamos a hablar sobre las formas de alimentación, la salud, sus vinculaciones con la estética y las imágenes que consumimos mayormente en medios digitales.

La comida forma parte de nuestras vidas en todo momento. Al levantarnos, a media mañana, al mediodía, por las tardes y por las noches. La comida nos vincula socialmente, salimos afuera a disfrutar de ella y nos conecta con sensaciones placenteras.
Me gusta pensar en los alimentos como parte de un todo, no sólo como elementos que necesitamos para sobrevivir y que cumplen una función meramente biológica. Desde aquí, podemos entender por qué este hábito mutó a lo largo de la historia y ha estado atravesado por convicciones y factores sociales entre generaciones.

Afortunadamente hoy podemos optar por una dieta consciente que nos beneficie física y mentalmente, ya que la oferta de alimentos es variada y los profesionales que nos acompañan pueden guiarnos por el mejor camino.

¿Pero qué sucede cuando en este camino intervienen presiones sociales y estándares inalcanzables que nos someten a sacrificios físicos y psicológicos?

La industria cinematográfica ha plasmado muy bien esto en diferentes películas. Una comedia clásica y que muchas veces mencionan mis pacientes es Chicas pesadas. En una secundaria de los Estados Unidos, un grupo de alumnas coloca estándares inalcanzables para la admisión de gente en su grupo social y desatan una relación conflictiva con la comida. ¿Su dieta? Hambre y barritas proteicas de origen dudoso.

Otro ejemplo que evidencia las prácticas insalubres para alcanzar estándares de peso son las dietas que abundan en la web. Muchas de ellas prometen resultados milagrosos en poco tiempo y se caracterizan por restringir todo tipo de alimentos. Lo que pasa con el tiempo, es que las personas abandonan a mitad camino y retroceden en su objetivo inicial. Esto sucede cuando no hay supervisión ni estudios previos y no se contempla la condición de cada individuo en particular.

¿Pero qué entendemos por dieta? ¿Hacia dónde ir?

Si queremos definir la dieta, podemos pensar en conjunto de sustancias alimenticias que componen el comportamiento nutricional de las personas. Tiene un origen y simplemente significa “modo de vida”. ¿Interesante, no?

Si tuviese que dar mi consejo profesional, diría que es importante llevarse bien con la comida. Alimentarnos es una práctica que realizaremos toda la vida y una relación combativa con los alimentos desatará todo tipo de conductas negativas para nuestra mente y nuestro cuerpo.

Es importante la armonía. Hablo de la armonía y los hábitos que podemos desarrollar para alimentarnos de forma estratégica y sana de forma sostenida en el tiempo. La dieta, por lo tanto, resulta un hábito y constituye una forma de vivir.

¿Sos carnívoro, vegetariano, vegano? Independientemente de la dieta o la alimentación que elijamos debemos poner nuestra salud en el centro. Sin desentendernos de nuestro propio deseo, de la necesidad de encontrarnos bien estéticamente, el camino hacia la aceptación y el autocuidado debe provenir desde la información y el asesoramiento profesional.

Una dieta saludable ayuda a protegernos de la malnutrición en todas sus formas, así como de las enfermedades no transmisibles, entre ellas la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer (OMS).

¡Los hábitos alimentarios sanos comienzan en los primeros años de vida! La lactancia materna proporciona un crecimiento sano y mejora el desarrollo cognitivo y ayuda a prevenir el sobrepeso y obesidad, también, las enfermedades no transmisibles en etapas posteriores de la vida.






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